En esta Copa América 2019, la selección peruana logró alcanzar la final después de 44 años. Este acontecimiento me permitió ser testigo, por primera vez, del enorme poder que tiene el deporte y de cómo, a través de él, es posible llegar a todos los estratos sociales, despertando emociones, identidad y sentimientos colectivos.
Evidentemente, el deporte —y en este caso el fútbol— tiene la capacidad de influir en las actitudes y comportamientos de las personas, transmitiendo valores fundamentales como el esfuerzo, la superación, la perseverancia, la igualdad, el respeto, la solidaridad, el compañerismo y la búsqueda del éxito tanto personal como colectivo.
Hoy, el deporte nos une y despierta en nosotros un profundo sentimiento de patria y nación, alimentando la esperanza de ver al Perú coronarse campeón de América después de casi medio siglo.
Sin embargo, deseo que esta fiebre futbolera también nos invite a reflexionar sobre la necesidad de convertirnos en ciudadanos más comprometidos con el desarrollo de nuestros pueblos; ciudadanos capaces de hacer valer sus derechos, sin dejar de cumplir sus deberes.
Hoy más que nunca debemos recordar que aún tenemos muchos partidos pendientes por ganar: en las canchas de la salud, la educación, el transporte, el saneamiento, la vivienda, la cultura, el turismo, la justicia, el trabajo y la seguridad. Allí también se juega el verdadero futuro del país.
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